Una profesion de riesgo

Una profesión de “riesgo”

Aunque pueda sonar paradójico, la labor del técnico en prevención de riesgos laborales también conlleva sus propios “riesgos”. Uno de los principales es el desconocimiento que muchos empresarios y trabajadores siguen demostrando sobre nuestro trabajo. No en vano, se trata de una profesión relativamente joven, con un bagaje todavía por consolidar. En todos los años (unos cuantos ya) que llevo ejerciendo este controvertido oficio, se han cruzado en mi camino numerosas anécdotas y expresiones estándar recurrentes, que sería imposible resumir en tan pocas líneas. He aquí algunas de ellas.

  • “El señor de los riesgos”. Llego a una empresa y pregunto por X.Y., que es mi persona de contacto en temas de seguridad. El recepcionista descuelga el teléfono y avisa al susodicho X.Y. “Está aquí el señor de los riesgos”, le suelta (que, por cierto, suena a secuela de la legendaria saga de Tolkien). Con una media sonrisa, no exenta de perplejidad, le indico a mi interlocutor que estoy allí para (intentar) prevenir los riesgos, no para generarlos. Y es que, a tenor de sus palabras, sólo le faltó añadir: “Y el tío viene con una lata de gasolina y un mechero”.

 

  • “El de los riesgos laborables”. En más de una ocasión, también me he encontrado con personas que me han identificado como “el de los riesgos laborables”. No es necesario recordar que nuestra tarea consiste en velar por la seguridad y salud de todos los empleados: los que trabajan de lunes a viernes, y los que lo hacen los sábados, los domingos e, incluso, las fiestas de guardar.

  • “¡Yo lo he hecho así toda la vida y nunca me ha pasado nada!”. Es la clásica frase de las personas que nacen, viven y mueren a modo de superhéroes indestructibles y ajenos a cualquier contratiempo o desgracia. En definitiva, kriptonitas humanas, seres que confían su integridad al azar y a la suerte. Está claro que se pueden realizar equilibrios sobre el filo de la navaja durante décadas sin que suceda nada. Pero también es cierto que, en cuestión de décimas de segundos, esa actitud puede convertirse en irreversible y en letal.

 

  • “¡Cuidado, que viene el de la cámara a tocar los h…..!” (cada punto corresponde a una letra). La cámara fotográfica forma parte de nuestras herramientas, como el bisturí del cirujano o la llave inglesa del fontanero. Las imágenes nos ayudan a ilustrar nuestros informes, a convertirlos en más gráficos. Sin embargo, el objetivo de esas instantáneas es corregir situaciones que pueden derivar en accidentes. No se utilizan para vender exclusivas a la prensa rosa/amarilla, y mucho menos para tocar tan sensible zona de la anatomía.

 

Resumiendo: por fortuna, hemos avanzado mucho en la compleja tarea de implantar una cultura preventiva sólida en las empresas, en los grupos humanos. No obstante, queda un largo trecho por recorrer, muchas “batallas” por ganar y muchos prejuicios por esquivar.

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